viernes, abril 29, 2005

Doña Estelita

Parece ser que, a doña Telita, no le hacen ojitos los apoyos que, a los adultos mayores, proporciona el gobierno de don Andréj Manuel Lópej Obrador. Con evidentes más de ochenta años, doña Telita obtiene energía de nosedónde para formar parte de la fuerza de trabajo informal, aunque su fuerza física se deteriore a cada paso que da dentro del vagón del metro.

Vendiendo chicles de a tres pesos por paquetito, doña Telita avanza con paso lento, pero firme, aunque no muy seguro. Ella ya no puede combinar esfuerzos, así que, o grita promoviendo su mercancía o avanza. Ella prefiere avanzar y acercarse a los viajantes para ofertar el producto.

Con su encorvamiento y sus ojos llenos de sabiduría, opacados por aquellas cataratas que hacen ver un llanto seco e incesante, doña Telita provoca esa lástima que no debiera sentirse por alguien. Aún así, la anciana avanza por el vagón para lograr su manutención.

Qué triste y qué dichoso es encontrarse a doña Telita por el metro. Triste porque su andar es lastimero; dichoso porque aún hay fuerza, voluntad y capacidad en ese cuerpo; triste porque uno imagina la historia de sus ingratos hijos que la abandonaron a su suerte, o la de sus padres que la echaron de joven por quedar encinta; dichoso porque, a pesar de su decadencia, da lecciones de lo que sea a todo mundo, a mí, al de al lado, al que lee. Ahí puedes imaginar todo lo que ha pasado por esa vida.

Doña Telita pasa de un vagón a otro con la destreza y habilidad de una tortuga terrestre. Igual que la tortuga, lleva su casa a cuestas, su sustento. Y, sin embargo, se aleja en aquella estación donde ya no le pude acompañar. Siguió vendiendo un poco más para ganar lo de la comida, lo de las medicinas y lo de los chicles para mañana. Y así como se retiró en el vagón, se despidió de todos. Descanse en paz, doña Telita.

2 comentarios:

Bruno dijo...
Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.
Bruno dijo...

Una periodista llamada Cristina Pacheco tuvo una época en la que hacía un trabajo de crónica urbana súmamente interesante.

Hoy, a muchos años de distancia, ese trabajo se ha ido desgastando. Pero hay que reconocer que, al menos en los años ochenta, ella resultaba una fuente interesante de las historias humanas que se entretejían entre las calles de la ciudad de México.

Recuerdo con nostalgia aquél trabajo que con la familia reunida, yo veía cuando chico en una televisión en blanco y negro.

Hoy, al leer este texto de doña Telita, vienen a mí gratos recuerdos de aquellos buenos años de la crónica humana de la inhumana urbe.