domingo, septiembre 11, 2005

Sucedió en la Ciudad de la Esperanza

Con un tiradero de vasos, platos y panes, los líquidos y los pedazos de cristal danzaban en el piso mientras una tipa sacaba de su bolso un trozo de vidrio. Otro personaje se quitaba restos de porcelana rota de su zapato y, a su vez, la mesera observaba a ambos con el odio con que se mira a quien comete un crimen.

La existencia de esos dos individuos en el espacio-tiempo equivocados, provocó el accidente que todos los comensales de Los Azulejos observábamos atentamente. Pero nada más fabuloso que esa mirada llena de rencor, seguramente, una mirada que trascenderá al tiempo.

No hubo palabrería, no existió llamada de atención. Ante la indiferencia de los implicados en el desastre y la acallada maldición proliferada por la empleada, apareció un fantasma rencoroso que reclamaba su materialidad para castigar a aquellos agresores, pero no la obtuvo.

La justicia nunca se hizo presente, seguramente estaba en algún juzgado con el mártir López Obrador. Sin embargo, aún existen brujas en el mercado de Sonora y en el mercado de Jamaica que harán que la justicia llegue a La Ciudad de la Esperanza.

1 comentario:

Bruno dijo...

Son los platos y el lugar... Son los actores: los protagonistas, la mesera y los comensales...

Uno mira en estas historias de la ciudad la constelación de rincones que hay en un laberinto, movimientos aleatorios de una matriz que calcula lo incalculable.

Es ahí, y es con ellos, sólo con ellos, que conceptos como Justicia son y no son... valen aquí pero no afuera... y no son en la ciudad lo que son en cualquier lugar.

Gracias por compartirlo