Al parecer, 3.7 millones de personas se encuentran alistadas para probar medicamentos de las grandes compañías farmacéuticas en Estados Unidos. La mayoría de estas personas son inmigrantes pobres, provenientes de Latinoamérica, y una cantidad importante de ellos se lesionan o mueren durante estos experimentos.
Entre otras irregularidades, se encuentra también la participación de una persona en dos estudios al mismo tiempo. Definitivamente se trata de un tema muy delicado porque no se trata solamente de condenar, tampoco de justificar, este tipo de acciones.
Las posturas radicales nos llevan a darle la vuelta a los problemas y no llegar a consensos, menos a soluciones. En este punto sería muy fácil levantar la mano y señalar con el dedo acusador a aquellas compañías que lucran con la necesidad de las personas y así realizar sus experimentos farmacéuticos. No se complicaría, por otro lado, defender la acción heroica de quienes, por unos dólares, permiten garantizar la cura o paliación a diversos padecimientos a la mayoría de la población, inclusive, se defendería a las empresas que deben hacerlo.
En un mundo donde todo debiera ser óptimo, el motivo principal nunca se busca. De alguna manera, el contexto en el que nos desarrollamos es el que marca la tendencia a seguir. No debemos pensar sólo en lo que es recomendable y en lo que creemos que es justo para los otros, porque entonces estaríamos recreando el ideal estadounidense del que tanto nos quejamos.
lunes, mayo 29, 2006
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