¡Qué dolor! ¡Qué pena! Tanto que la quería, tanto que me acompañó. Siempre me esperaba por las mañanas para que juntos tomáramos el café, ahora no lo hará más.
Me despido de ella con el cariño que se despide quien pierde un tesoro de la colección de cosas que te acompañan y son parte de tu vida.
Mutilada, pidiendo que termine con su existencia para no provocar lástima, veo cómo tengo que terminar con su existencia para no dañarla más. ¡Qué irónico!, pero también qué dolor deshacerme de ella, de quien rozaba mis labios y calentaba mis manos, de aquella que con su aroma reconfortaba el día y me hacía olvidar la pendejez de quienes existen a mi alrededor.
Me despido de tí, aunque otra más vendrá a ocupar tu lugar... alguien más me ofrecerá el mismo aroma y me dará nuevos recuerdos que probablemente borren los tuyos... mi taza... rota y sin oreja... muere sorda y muda y me deja sin mi sorbo de café de esta mañana...
lunes, mayo 29, 2006
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