lunes, mayo 29, 2006

Siete y Treinta

Siete y treinta y aún no me despego del asiento en la oficina donde trabajo. Siete y treinta y uno, no florecen las palabras conectadas de mis dedos y siento como si no tuviera nada qué contar este día... pero pasaron tantas cosas, algunas irrelevantes, otras que no recordaré por la eternidad y algunas más que no merecen ser recordadas. ¿No te pasa, en ocasiones, que deseas que el día sea productivo?

Perder toooodo el día haciendo nada porque no hay trabajo es espeluznante. No hay actividades extra que realizar y no pudes sino contemplar cómo aparece el sol por la parte alta del vitral y ver cómo desaparece detrás del edificio que está sobre Insurgentes... y de repente, el reloj del monitor marca que ya es tu hora de salida, y te preguntas si en casa la situación será la misma... ni modo, no quiero estar más en la oficina, mejor me voy a casa o a buscar algo con qué matar el estrés que me generó hacer nada.

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