Se espera, escondido en el pasto, a que una gran nube de la especie cúmulo se sitúe sobre la ciudad aborrecida. Se dispara entonces la flecha petrificadora, la nube se convierte en mármol, y el resto no merece comentarlo.
Publicado en "La vuelta al día en ochenta mundos", del mismo autor, Ed. S. XXI, p. 15
miércoles, mayo 31, 2006
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