lunes, mayo 29, 2006

Maldito Juárez en el año de Juárez

Cada mañana llego al trabajo, paso el túnel y ahí está, dándome la espalda y sorprendiéndome con su espantosa materialidad. Esa estatua de Benito Juárez que tanto desprecio y que tanto temor me provoca al pasar por los pasillos semiobscuros y tenebrosos de la SEP. A pesar de que los murales de Diego Rivera parecen arrojar a sus indios y mineros en contra mía, me limito a caminar rápidamente para evitar sus arados, sus flamas, sus palas, picos y demás artefactos que al parecer, serán el medio para reprimirme en cuanto voltee a insultar a su héroe.

Por el momento, no corro el riesgo de ser asesinado, ya que don Rivera tenía la buena costumbre de entretener a sus retratados en sus oficios o dando la espalda a quien les viera. Sin embargo, no le puedo proferir a don Juárez lo que pienso porque no sería una plática uno a uno... los demás me escucharían y empezaría la cacería hasta que pida el indulto o no pueda pedir algo. Mejor corro hacia mi oficina... son casi las 4 de la mañana y no quiero ni despertar a los mexicanos del pasado ni llegar tarde a mis actividades.

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